viernes, 4 de enero de 2008

Tal día como hoy, hace un año...

Nos llegó una carta del fiscal jefe de la Audiencia Nacional en la que se nos informaba de que nos había tocado en la rifa de fin de año una querella por injurias al Rey con motivo de su 69 cumpleaños. Los presuntos delincuentes éramos "los que se dicen llamar Nicola Lococo, Josetxu Rodríguez y Javier Ripa" y la razón un artículo de opinión del primero y un fotomontaje del Rey con el oso Mitrofán de los segundos.

Hubo muchas muestras de solidaridad y las mejores firmas del humor nos enviaron sus condolencias. Las publicamos todas en un número especial que puedes ver aquí.


Por ejemplo, la de Guillermo, el dibujante de El Jueves, que no se imaginaba que en julio irían a por él...

O Albert Monteys, el director de El Jueves...



O Cibergwenza...



O Eneko...



O Vergara, por solo poner unos ejemplos...


También se solidarizaron con nosotros e hicieron notas de condena por este atropello a la libertad de expresión Amnistía Internacional, Reporteros sin Fronteras, La Asociación de la Prensa de Bizkaia, La Asociación Independiente de Periodistas, Escritores y Profesionales en las nuevas tecnologías de la comunicación (AIPEP), un montón de columnistas y decenas de blogueros. Ni qué decir tiene que también nos dieron caña a raudales los bedeles de la corte, pero eso era de suponer. Para enterarse de todo basta pinchar aquí.

El 17 de setiembre, el juez Grande Marlaska nos dio cita en la Audiencia Nacional. Sorprendentemente, ningún fiscal se presentó a la declaración. ¿Vaya forma de defender las querellas contra el monarca! (De izquierda a derecha, Rodríguez, Ripa y Lococo)...


Los hechos se desarrollaron de la siguiente forma:

"¿Oiga? Que llamo de parte del juez Fernando Grande-Marlaska, que ya están aquí los pintamonas esos y que hay que tomarles declaración ¿va a bajar algún fiscal? "

Y claro, les contestaron que no había ninguno disponible en ese momento (eran las 10 y media de la mañana, hora del cafelito) y que no era por no bajar, que si había que bajar se bajaba, pero que bajar por bajar, pues bueno, que no sabían si iba a merecer la pena.

Dos horas después apareció por allí el fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza, que venía de aplaudir al Rey en la apertura del año judicial, y explicó que él firmó la querella, pero que luego no suele asistir a este tipo de comparecencias. Que el fiscal que tenía que haber estado era Fernando Rey (el Rey nos persigue) pero que se encuentra de vacaciones (otros dicen que ha abandonado sus tareas en la Audiencia Nacional) y que sus casos han sido repartidos entre otros cinco fiscales y que, claro, vaya usted a saber ahora quién tiene la querella en su poder.

Y la verdad es que yo les comprendo, porque entras en la Audiencia Nacional, que en la tele parece la sede del Juicio final, y resulta que por dentro es un lugar un tanto cutre, lleno de cartelitos pegados con celo en las paredes, con peticiones de aumento de personal y pasillos flanqueados con armarios repletos de cajas de cartón, paquetes atados con cuerdas y expedientes con una capa de polvo primigenio que llegan hasta el techo en equilibrio inestable. ¿Quién coño encuentra en ese maremágnum un expediente de hace nueve meses, sobre una portada de un suplemento satírico que se publicó hace once? Vamos, ni Mercedes Milá.

Por lo demás, bien. La funcionarios fueron amables y poco impresionables. Tuvieron que serlo cuando Nicola Lococo se presentó sin abogado y se negó a que le adjudicaran uno de oficio, porque él "no había hecho nada malo y era el juez quien debería defenderlo de las acusaciones infundadas del fiscal". Ante la imposibilidad de declarar sin abogado, se ofreció a confesarse culpable directamente y así evitarse otro viaje en autobús a Madrid. Al final le convencieron, se plantó ante el juez y le largó una tesina sobre el origen semántico de la palabra mequetrefe que no olvidará fácilmente. Al menos, no necesitó la lupa que portaba para firmar su declaración: "Por si hay letra pequeña, que yo tengo estrabismo, astigmatismo y hasta impresionismo".

Lo que no se le podrá achacar a nuestro compañero de penurias judiciales es que no vaya con la verdad por delante: "Yo he venido aquí a hablar de mi libro y a regalárselo al fiscal, que tanto ha ayudado a difundir mi obra". Comprenderán ustedes que ante este personaje, Ripa y un servidor pasáramos ayer totalmente desapercibidos.



Desde entonces, no hemos vuelto a tener noticias. Es decir, que seguimos a la espera de si nos van a juzgar o no. A los de El Jueves, en cuatro meses les denunciaron, les juzgaron y les condenaron. ¿Qué pasa, que nosotros somos menos importantes? ¡No hay derecho!
Permanezcan a la escucha...



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