miércoles, 20 de febrero de 2008

Irak: una guerra con mucho glamour

El Imperio se extiende sin que nadie pueda hacerle frente

SESTEABA como uno de esos náufragos que, agotados, se sienten vivos sólo porque escuchan el chapoteo de las olas en la balsa. Tirado en el sofá, con el brazo colgado como un remo inerme, sólo el parloteo que me llegaba desde la televisión me ataba a tierra.
–Todas las revistas del corazón hablan esta semana de la guerra de Irak –decía la locutora–. General de marines Potrenko: ¿qué nos puede contar de ella?
–Todo va estupendamente. Hemos preparado esta guerra con mucho cariño y estamos utilizando todas las armas a nuestro alcance para que con la ayuda de Dios resulte espectacular.
–¿Seguirán los bombardeos contra civiles?
–¡Por supuesto! No podemos discriminar a nadie. Todos pagan sus impuestos.
–Podemos apreciar que se ha cuidado mucho la imagen.
–Hemos intentado desde el principio que esto no sea una masacre al uso sino algo más estudiado, con más glamour. Por ejemplo, las tropas llevan un uniforme muy varonil y fotogénico, con colores tierra y arena que combinan muy bien. Los complementos conjugan las últimas tecnologías con los toques “retro” de botas y correajes. Muy de Segunda Guerra mundial. Los refugiados, por su parte, han optado por colores más sufridos, que aguantan mejor los bombardeos. Los maquillajes son livianos y mortecinos. Se ve mucha talla 36 e incluso 34. Je, je, en eso no podemos competir con ellos...
Entre sueños, esperé aterrorizado el inicio del telediario.

Josetxu Rodríguez

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