martes, 11 de agosto de 2009

Volar de pie


La compañía Ryanair, que ya revolucionó el mercado aéreo con sus iniciativas transgresoras para ahorrarse pasta y ampliar beneficios, acaba de dar una vuelta de tuerca al mercado proponiendo "viajar gratis" a aquellos pasajeros a los que no les importe ir de pie en vuelos de menos de una hora. Quienes pusieron el grito en el cielo cuando esta empresa quiso penalizar a los obesos por ocupar más espacio, poner una tasa por ir al baño, vender las bolsitas del mareo o cobrar 40 euros por imprimir la tarjeta de embarque, se han quedado sin habla en esta ocasión. Y su asombro no lo causa tanto la propuesta, sino el hecho de que el 66% de los encuestados estén dispuestos a viajar así por ahorrarse unos euros, lo que nos lleva a la conclusión de que a la gente no le importa morir siempre que no les cueste un duro. Si el avión se pega la piña, dice uno de los defensores de la iniciativa, la única diferencia será que los que van sentados morirán más cómodos. En eso tiene razón, y no cabe duda de que viajar de pie también posee alguna ventaja, por ejemplo, evitar el mal de la clase turista que tantos sustos da a los pasajeros inmovilizados en su asiento durante horas. Pero conviene recordar que las leyes de la física son muy tercas y no se ciñen a las necesidades económicas de las compañías aéreas. Si han sufrido ustedes una tormenta a 11.000 metros, cuando la aeronave se convierte en una especie de dragón Khan, sabrán a qué me refiero. Tampoco es desdeñable el efecto de la aceleración, que podría amontonar a estos incautos en la cola del avión y dar paso a episodios de promiscuidad no consentida que, sin duda, terminarían en los juzgados. No sé si el sentido común de los potenciales usuarios acabará con esta iniciativa, pero, si no es así, auguro que en no mucho tiempo veremos a los turistas facturarse a sí mismos como equipaje y volar en la bodega en condiciones de semigravedad (en el sentido sanitario de la palabra).

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