martes, 15 de diciembre de 2009

Ecologetas


A ver, que yo soy ecologista como el que más y hasta cuando como lechuga acompaño el plato con un chuletón para equilibrar mi canibalismo vegetariano, pero ¡ya está bien! Con la mandanga de la conciencia medioambiental se ríen de nosotros a la cara. Ejemplos hay muchos, pero sólo citaré tres para no cansarles.
¿Se acuerdan de cuando los bancos te hacían un regalito si te apuntabas a la factura electrónica? Con ello, decían, salvabas un árbol. Se han ahorrado millones con esta medida, pero su publicidad sigue llegando puntualmente en papel sin importarles el arboricidio que cometen.
Los supermercados también han hecho caja. Con la brillante idea de las bolsas de plástico y la amenaza de que puedan andar rodando por el medio ambiente durante 400 años, las han retirado. Ahora vuelvo a casa con seis pagadas por un servidor y la mitad de ellas están llenas de aire y repletas de envases de plástico o cartón exageradamente desproporcionados para el producto que contienen. Eso ya no les preocupa.
El tercer ejemplo son las energías renovables. Curiosamente, cuanto más dinero destina el Estado a promoverlas, más sube el recibo de la luz y más ganan las compañías. En enero nos darán otro zapatazo considerable para ayudarnos a ahorrar electricidad.
La única que está encantada es la SGAE: al precio que se está poniendo el kilowatio, muy pocos podrán permitirse el lujo de dejar el ordenador encendido toda la noche bajando películas. Hasta en eso tienen suerte.

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