domingo, 7 de febrero de 2010

Cerdos y políticos


Acabo de toparme con un antiguo compañero de clase. Tras saludarnos con efusiva alegría, nos pusimos -como es costumbre- a recordar viejos tiempos en los que mentíamos a los profes para hacer pira, robábamos chucherías, competíamos para saber quién de los dos era más vago… Según parece, me ha superado en todos los palos con creces, porque resulta que ha salido concejal.
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Tras estos primeros y cordiales momentos del todo espontáneos, el buen hombre me dio a conocer que seguía mis artículos, pero ... –siempre hay un pero- lo que comenzó como elogio, se tornó en crítica. Me hizo saber que le apenaba que un talento como el mío se malograse en vagos ideales y estériles utopías, que en más de una ocasión, le parecían ridículas, cuando no, soeces y salidas de tono. Como quiera que se esforzara en intercalar una de cal y otra de arena entre halago y reproche, ni ego narcisista le dejó explayarse al modo de Llámame perro y échame pan que ya tendré tiempo de enseñarte bien los dientes y morderte en el trasero gordo de concejal. Y sucedió que se atrevió a poner como prueba de cuanto decía, mis propias palabras como cita, sacadas de un viejo artículo del que siquiera me acordaba y que decía algo así como “Los políticos son simples cerdos que retozan en pocilgas de terciopelo.” Queriéndome dar clases de ética, vino a decirme que mi discurso infantil sin entrar en matices, era poco menos que peligroso, cuando no distinguía entre unos políticos y otros, y que tuviera cuidado con llamar cerdo a los políticos, porque también los nazis llamaron así a los judíos y ya se vió a donde llegaron. Y llegados a éste extremo, decidí interrumpirle a la vista de que no había alternancia entre hostias y caricias verbales, y puse los puntos sobre las íes. Para empezar, le puse al tanto de que estaba al corriente de los matices políticos entre anarquistas, comunistas, socialistas, socialdemócratas, democratacristiano, liberales, populares, fascistas, ultras , extremistas, izquierdas, derechas, centro, revolucionarios, reformistas, europeístas, nacionalistas y el sinfín de clasificaciones internas que caben hacer en unos y otros, cuya variopinta pluralidad se resumía muy bien en la coloquial voz “políticos”. Dicho lo cual, puse en su conocimiento que tampoco desconocía los matices que había entre la comunidad porcina de cochinos, marranos, guarros, puercos, avechuchos, cutos, charros, chones, gorrinos, patas negras y demás especimenes que se sienten identificados con el término genérico de cerdo. En consecuencia, no creía yo haber faltado al matiz ni de unos ni de otros, al comparar los términos genéricos y que si él u otro deseaba establecer la debida correspondencia entre a quienes les corresponde la categoría de cochino, a cuál de marrano y demás, no era ya asunto mío. Con todo, sí ví algo que no encajaba en la comparación entre políticos y cerdos, a saber: Del cerdo se aprovecha todo, en cambio el político, se aprovecha de todos. 
Nicola Lococo.
N

2 comentarios :

Anónimo dijo...

¡Fantástico!

Anónimo dijo...

ja,ja,ja... brutal!!!!