jueves, 11 de marzo de 2010

La mujer trabajadora: el mejor electrodoméstico.


De cuantas independencias conozco sean estas políticas, económicas, culturales, ideológicas o de cualquier otra índole, la más difícil de sobrellevar para un hombre, es aquella que le obliga a hacerse las cosas por sí mismo. Cuando decidí tardíamente independizarme del techo materno, aprecié en lo que valía tener la mesa puesta, la comida hecha, la ropa limpia, todo ordenado, la nevera llena, etc. Ahora tengo una plancha que plancha, una lavadora que lava, una nevera que conserva, una aspiradora que aspira, pero no que me planche, que me lave, que me haga la compra, que me recoja la habitación.
Vistos así, en toda su deficiencia, estos aparatos dejaron de parecerme los dignos regalos navideños con los que solíamos yo y mi hermano agasajar a nuestra sufrida madre todos los años. Contemplados en toda su imperfección, estos ingenios solo alcanzan el rango de trastos inservibles que, de cuando en cuando, arman más ruido que servicio prestan, y en consecuencia acaban ocupando un inmerecido espacio junto a otros inútiles chismes como estropajos, escobas, fregonas, bayetas, arpilleras, la ignominiosa escobilla del váter y esos dichosos guantes de goma que no hay quien se los ponga…
Pronto empiezan a cobrar sentido algunas costumbres que se me intentaron inculcar de pequeño y a las que me resistí concienzudamente como, poner a remojo los platos para que no se incruste la grasa, colocar mantel en la mesa para que luego sea más fácil recoger sin necesidad de limpiar las miguitas puñeteras, dejar la ropa bien situada para que no se arrugue, acostumbrarse a poner las cosas en su sitio para no tener luego que pasarse todo un fin de semana recogiendo el campamento. y un reconocible sin fin de pequeños detalles que hacen mas llevaderas las tareas del hogar. La desesperación empieza a hacer mella y se maldice el atraso tecnológico sufrido por la humanidad ¿ Dónde están los robots de los que hablaba Asimov? ¿ Qué ha sido de los supercomputadores como Hall que describía Kubrick? Yo, y muchos como yo, lo habíamos confiado todo a esas promesas de contar con máquinas inteligentes que nos lo darían todo hecho. Y ahora…¡Ajo y agua!
Llega un momento en el que se empieza a calcular la posibilidad de irse a vivir en un hotel aún a costa de la ruina económica. Es así como se descubre la virtud del matrimonio, ya dispuestos a sucumbir y aceptar nuestra desvergonzada calamidad para ocuparnos de nuestras cosas, cabe intentar todavía ofrecerle a una chica sana limpia y trabajadora la posibilidad de trabajar solo para ti, pues a fin de cuentas, no hay mejor electrodoméstico que una mujer, y viene sin manual de instrucciones.
Nicola Lococo

2 comentarios :

Miyita dijo...

ajajjajajajja que horror eso último de que la mujer es el mejor electrodoméstico y sin manual!
La culpa la tenemos las mamás que criamos a nuestros hijos e hijas entre algodones, porque nos dá pena el sufrimiento que van a pasar cuando vivan solos, ¡ay que erradas estamos! igual sufren nuestros pobrecitos engendritos jajajajaja
Hoy, todos aprenden a hacerse sus cosas o aprenden no les queda otra, el servicio doméstico anda por los cielos de caro

Josetxu dijo...

Si aprender, aprenden, lo que pasa es que luego se hacen los suecos...