viernes, 11 de junio de 2010

Una fábula urbana


AHORA que la niña es capaz de razonar razonablemente acaba de soltarnos que no hemos sabido educarla, que por nuestra inconsciencia carece de armas adecuadas para afrontar los problemas y defenderse en la vida, y que esa falta de herramientas sociales le va a perjudicar, y mucho, en su carrera de ascenso por la escala social. Tras comprobar que toda esa argumentación no se la estaba soplando alguien a través de un pinganillo, por ejemplo el abogado de la Oficina del Defensor del Menor, y que no está siendo grabada para utilizarla más tarde en un supuesto proceso judicial contra nosotros, le contesto con todo el cariño del mundo. -"Hija, eres muy injusta. Tu madre y yo siempre hemos intentado que aprendas todo aquello que te permita ser una persona íntegra: que el dinero no da la felicidad, que los móviles tampoco, que debes respetar al prójimo, no juzgarlo prematuramente, comprender sus razones. Que debes ceder el paso, servirte la última, dar las gracias. Que es mejor hacer el bien sin esperar nada a cambio y más gratificante llegar juntos que en solitario. Que una crítica es un regalo y que lo compartido bien sabe. Que..." -"¡Aita! Que sí, que eso ya lo he puesto en práctica. Pero me gustaría que vinieras al instituto y me demostraras cómo subir al autobús a la salida de clase, plantearas al entrenador de atletismo lo de llegar en grupo, hablaras con quien me ha robado el reloj e intentaras conseguir un postre en el comedor. Luego, si eso, decidimos si debes educarme para ser lobo o cordero. ¿Capisci?".


Josetxu Rodríguez

1 comentario :

Anónimo dijo...

jajaja, que bueno, tío