lunes, 26 de julio de 2010

Fábula urbana


ERA un país en crisis como tantos otros, azotado por las tormentas financieras, pero con un amarre sólido en el primer mundo que le impedía irse a pique. A fin de cuentas, quien se hunde no paga sus deudas y a ningún acreedor le interesaba esa posibilidad. En esa coyuntura, alguien pensó que el pueblo necesitaba ilusiones, algo a qué agarrarse en medio del desánimo general y que le permitiera sacar la cabeza y mirar al futuro con esperanza. Los ideólogos se pusieron a trabajar y prepararon una estrategia para conseguir en el plazo de dos años un equipo capaz de deslumbrar al mundo y restituir el orgullo perdido. Se formaron grupos interdisciplinares que viajaron por el mundo, analizaron el mercado, copiaron las mejores técnicas, prepararon una táctica y presentaron un plan. Un proyecto perfectamente estructurado, dotado de medios y con plazos de ejecución definidos. Se puso al frente a los mejores cerebros disponibles, sin límite de primas ni presupuestos: equipos técnicos de alto nivel, asesores internacionales, estrategias imaginativas y, por último, un equipo humano joven, inteligente y muy capacitado. Tras dos años de trabajo y concentración consiguieron lo inimaginable: una terapia revolucionaria contra el cáncer y un combustible barato y no contaminante. Les concedieron el Nobel de Medicina y Química. Cuando llegaron al aeropuerto no había nadie con banderitas para recibirles. Uno de ellos pisó una caca de perro antes de subir al taxi.

Josetxu Rodríguez

1 comentario :

Anónimo dijo...

Muy bueno