A la espera de que en Robotiker inventen un orgasmotrón que le permita a la juventud alegre y combativa salir de casa con sus necesidades sexuales satisfechas, habrá que pensar en algo para que, mientras tanto, usen el condón, esa cosa de látex que casi todos llevamos en la cartera desde hace meses... o años. Dicen los pipiolos que los preservativos son caros y que por eso prefieren hacerlo a pelo, lo que es un despropósito como otro cualquiera. El argumento no se sostiene de ninguna manera. Empezando porque Lujuria Enea ha dado órdenes para que se distribuyan paquetes de tres por un euro, y para usarlos todos de una tacada hay que ser muy joven o muy mentiroso. Curiosamente, los adolescentes son inmunes también a otro tipo de razonamientos, por ejemplo, que un paquete de tabaco les cuesta cuatro euros; un cubata, siete; y un gramo de farlopa, cuarenta. Como dicen por ahí, es cuestión de prioridades. Y ahí estamos. Quizá las prioridades no estén claras, ya que hay que pagar por las gomas, pero la píldora del día después te la dan gratis. Otro ejemplo, con lo que cuesta un aborto, entre 2.000 o 3.000 euros, podrían repartirse condones en todos los institutos de la ciudad. Ya sabemos que los preservativos vascos son de talla grande y necesitan mucho, mucho látex, pero cabría utilizar una marca blanca para ahorrar. Cualquier cosa con tal de evitar que una adolescente tenga que entrar en un quirófano para abortar o enfrentarse a un diagnóstico de sida. ¿Lo conseguiremos?
Josetxu Rodríguez

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