domingo, 31 de octubre de 2010

Un robot con aspiraciones



Este robot no sólo recoge el pelo sino que pasea al gato. ¡Lo que es la explotación!

HAY quien pasa diariamente la aspiradora y quien, como un servidor, pasa diariamente de la aspiradora. Vamos, que me llevo bien con el polvo, y no va con segundas. Por eso, veo con cierta perplejidad cómo han proliferado los robots aspiradores, esos que parecen la txapela cibernética de R2D2, el pequeño protagonista de “La guerra de las galaxias”, y que trajinan todo el día limpiando suelos de acá para allá mientras sus dueños están fuera de casa.
El pasado domingo, mientras charlábamos en la sala de unos amigos, entró uno por la puerta. Meticulosamente fue recorriendo todos lo puntos de la habitación y, al tropezar con algo, cambiaba de trayectoria y seguía su camino. Cuando desapareció por el pasillo, les pregunté si era eficiente. La respuesta fue negativa. El robot estaba castigado y por eso trabajaba en festivo. Al parecer, le habían pillado en dos ocasiones perdiendo el tiempo. Una delante de la tele, lo que había provocado un deshilachado circular en la alfombra por exceso de frotamiento; y la otra, debajo de la cama, donde se había demorado más de lo debido mientras pasaba por encima del crucigrama de un periódico atrasado. También le achacaron que se negaba a entrar en el baño porque el pelo le producía asma, por lo que ahora le lubrifican con ventolín.
Mirándolo bien, el robotito me dio pena y creo que no era feliz. Cualquier día se les escapa con la termomix y les deja la casa manga por hombro. ¡Ojalá le vaya bien a la pareja y engendren el orgasmotrón de una puñetera vez!

Josetxu Rodríguez