martes, 13 de diciembre de 2011

Quieren convertirnos en epsilones


ES una guerra psicológica subliminal y persistente. Desconozco cuándo empezó, pero ahora que soy consciente de ella veo sus efectos devastadores por doquier. Al principio fue una ligera sospecha, un cierto desasosiego. Pero un día, tras salir del lavabo de un restaurante, un chispazo neuronal hizo que todas las piezas encajaran. Nos están amansando, degradando, convirtiéndonos en insignificantes objetos humanos. En aquel retrete oscuro lo vi todo claro. 
Descubrí por qué los sensores de presencia se apagan en un par de minutos, obligándote a realizar tus necesidades biológicas entre tinieblas; o por qué el funcionario te deja con la palabra en la boca para atender su twitter en el móvil. Es un auténtico bullying social organizado. Todo está pensado para humillarte, para que te difumines como entidad respetable, para bajarte la autoestima. 
El fin es convertirnos en epsilones, la casta más baja de Un mundo feliz, de Aldous Huxley, tan utilizables como prescindibles. Nos preparan para que asintamos sin padecer, entes amedrentados y sin derechos a quienes les da igual que les cambien la Constitución o les alarguen la vida laboral dos años. Si mañana nos colocaran a dedo un tecnócrata de presidente como en Grecia o Italia, algunos ni se darían cuenta del cambio. 
Están tan cerca de conseguir sus últimos objetivos que hasta las compañías de servicios te obligan a conversar con una voz informática, demostrando con ello el nivel que ocupas en su sistema de valores. El mismo que una máquina parlante. ¡Indignaos!

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