lunes, 30 de mayo de 2011

Los empresaurios juegan a marcianitos



Es normal que se entretenga jugando a marcianitos. Su compañía, Telefónica, que para más señas consiguió en 2010 unos beneficios estratosféricos de 10.000 millones de euros, ha decidido celebrarlo despidiendo a 8.500 trabajadores en los próximos cinco años. Algún inocente se preguntará cómo casa esto con el intento de modificar los convenios y unirnos a la productividad. La explicación es sencilla: como la empresa ha sido tan productiva, prescindirán del 25% de la plantilla y se repartirán 450 millones de euros entre los altos cargos. Así cuadran las cuentas al dedillo. Por eso digo que es normal que el señor José María Álvarez-Pallete pase el rato jugando a marcianitos con su tableta, tal y como nos ha mostrado la televisión, mientras el resto del equipo directivo anuncia a la Junta de Accionistas que el año que viene ganarán mucho más tras el ERE salvaje que han puesto en marcha.
Desde el Olimpo empresarial, a los humanos se nos ve muy pequeños, casi tan pequeños como esos muñequitos que se vaporizan en la pantalla del iPad con un leve gesto del dedo mientras se escucha un sonido de caja registradora. Quizá el juego en el que se afana el señor Álvarez-Pallete se denomine
Ere-ción o Sindica-Thor y le permita entrenar su mente frente a hordas de jóvenes en paro que ocupan las plazas y exigen trabajo remunerado. O quizá sea un método que le permita relajarse y olvidar la grave crisis que afecta a su empresa. Y me refiero a la crisis moral.
Josetxu Rodríguez

domingo, 22 de mayo de 2011

Para los chinos somos comida

<a href="http://video.mx.msn.com/?mkt=es-mx&from={from}&vid=7bb1cfee-bf08-4a72-86a7-aa492d3c343c&from=dest_es-mx&fg=dest" target="_new" title="Explotan sandías en China">Video: Explotan sandías en China</a>

Es
solo una paranoia, pero desde hace algún tiempo cada vez que me cruzo con un chino tengo la sensación de que me observa con curiosidad gastronómica. Como si evaluara cuántos menús del día y qué especialidades de la carta podría elaborar con un cuerpo en decadencia como el mío. La culpa no la tienen ellos, sino quienes llevan años asegurando que el gigante asiático se nos va a comer por las patas y por eso tenemos que adelgazar en lo posible nuestros sueldos y nuestros derechos para que engorde la economía y poder hacerles frente. Una paradoja como otra cualquiera ante la que solo caben dos opciones: o te la crees a pies juntillas sin pensar demasiado o te echas a la calle como los perroflautas a reivindicar el futuro pluscuamperfecto si es que existe.
El punto fuerte de los chinos es el estómago. Durante milenios han devorado cualquier cosa sin pestañear hasta el punto de que sus escándalos alimentarios son míticos: sandías saturadas de fertilizantes que explotan al ser recolectadas, cangrejos cebados con píldoras anticonceptivas, leche sintética, carne que se vuelve fluorescente en la oscuridad... En occidente han cambiado de menú y engullen empresas textiles, de calzado, bazares, lonjas, pisos y bares, todo a tocateja y, para evitar la acidez de estómago, adquieren deuda soberana en lugar de sal de frutas. Si nada puede detener al dragón amarillo quizá sea el momento de dejarse querer. Yo empiezo mañana: Ni hao, ni hao, péngyou.
Josetxu Rodríguez

martes, 17 de mayo de 2011

El 11, ¡terremoto!

Eneko, en "20 minutos"

ESTÁN locos estos romanos! Y no lo digo yo, lo dice Obélix, que les conoce mucho mejor. Alguien se inventó una profecía sobre un terremoto en Roma que iba a ocurrir el pasado miércoles, la distribuyó por correo electrónico y miles de personas salieron en desbandada de la ciudad. A la cabeza iban el 15% de los empleados públicos que, sacrificándose, decidieron poner a salvo la sabiduría administrativa que atesora el cuerpo funcionarial. Muchos de ellos habrán pedido también el jueves y el viernes libre, por el riesgo de réplica, y así volverán el lunes a trabajar y a recoger los supuestos escombros con ansias renovadas.
Para rozar el absurdo, una asociación de consumidores acaba de poner una denuncia ante la Fiscalía de Roma por supuesto "delito de abuso de la credulidad popular". Me enternece su ingenuidad. ¿Cómo demostrar que el Nostradamus de pacotilla no tuvo razón? Terremoto hubo y gordo, solo que a un millar de kilómetros de distancia. Una desviación mínima si tenemos en cuenta la superficie de la Tierra. Para las mentes crédulas, la profecía se ha cumplido. Los incrédulos tendremos que seguir con la mosca detrás de la oreja ante la capacidad catastrófica del día 11. Dejando al margen los atentados del 11-S y el 11-M, en lo que va de año se han producido tres terremotos en esa fecha: el 11 de febrero en Chile, el 11 de marzo en Japón y el 11 de mayo en Lorca. Como medida de precaución deberíamos hacerlo desaparecer del calendario, al menos, como día laborable. ¿No les parece?

martes, 10 de mayo de 2011

Orden de los apellidos: que decida el bebé

ZP o PZ, lo mismo da que da lo mismo

LA última vez que un funcionario se hizo cargo de poner los nombres a los recién nacidos fue en la localidad burgalesa de Huerta del Rey. El proceso era el siguiente: cada vez que alguien daba a luz, un familiar salía camino del ayuntamiento para registrar a la criatura. El secretario echaba mano del martirologio romano y elegía un nombre, por ejemplo, Burgundófora Cancionila. Una vez perpetrado el bautizo civil, el citado familiar se dirigía al campo para anunciar al padre las dos noticias: que tenía una hija y que se le había adjudicado un apelativo compuesto. Hoy, Huerta del Rey aparece en el libro Guinness como el pueblo con los nombres más raros del mundo, de hecho, Evilasio, Gláfida, Filadelfo, Walfrido, Hierónides y Filogonio suelen tomar potes juntos todos los domingos.
Como el ser humano no aprende de sus errores, de nuevo será un funcionario quien decida el orden de los apellidos del recién nacido cuando los padres no se pongan de acuerdo. Dejando a un lado que dos personas así deberían ser inhabilitadas directamente para cuidar a un hijo, delegar en un funcionario la decisión solo puede traer problemas logísticos y administrativos. Habrá que crear una Subsecretaría ministerial y autonómica de Nomenclaturas y Heráldica Aplicada llena de secretarios y personal de oficina. Eso llevará meses o, incluso, años. Lo mejor sería preguntarle al bebé cuando aprenda a hablar, aunque terminemos todos apellidándonos Pocoyó.