viernes, 15 de julio de 2011

La última actuación de Miguel gila



Hace diez años que murió Miguel Gila. Dediquémosle una sonrisa in memoriam.

jueves, 14 de julio de 2011

El códice codiciado


En alguna ocasión ya he pegados este vídeo por aquí, pero no me resisto a hacerlo de nuevo

EL Códice Calixtinus, una especie de Guía del Trotamundos medieval sobre el Camino de Santiago, cuyo valor es incalculable, ha desaparecido de la catedral compostelana por arte de birlibirloque. Aunque Carlos Iturgaiz ha echado la culpa a Bildu, como era de esperar, no creo que la coalición haya decidido apropiárselo para distribuirlo en capítulos como si se tratara de un Zutabe. Que una cosa es el Camino de Santiago y otro, el de la paz.

En todo caso, me resultan más sospechosos los secuaces de la SGAE. Quizá les debían los derechos de autor de las melodías de campanillas utilizadas durante siglos por los monaguillos en la consagración o, simplemente, quieren utilizarlo para intercambiarlo por la libertad sin cargos del señor Rodríguez Neri.

Hay una tercera versión, que apunta la ministra Sinde, sobre la posibilidad de que hayan sido los internautas quienes se lo hayan bajado con el emule y dentro de unos días lo publique Wikileaks en exclusiva. Los responsables de custodiarlo afirman que los últimos que lo tuvieron en las manos fueron funcionarios del Ministerio de Cultura, así que quizá aparezca en unas semanas convertido en pen-drive o en DVD interactivo, un formato más actual que el decrépito pergamino.

Pese a todo, antes de calificarlo como el robo del siglo -en realidad el robo del siglo ha sido el pacto del euro y el rescate de la banca-, miraría en el retrete del deán de la catedral, donde suelen abandonarse los libros que no nos enganchan a la primera.

Josetxu Rodríguez

viernes, 8 de julio de 2011

Peinarse por no pensar

DESDE que solo uso la cabeza para peinarme vivo más feliz. Puede que alguno se escandalice, pero llega un momento en la vida en el que todo te parece repetitivo, predecible, aburrido, sin solución. Una especie de debate permanente del Estado de la Nación que no lleva a ninguna parte y que te obliga a desconectar la neurona y dejarte llevar como un camarón en el oleaje. Y no creo que sea el único que experimenta esa sensación. Basta darse un paseo por la ciudad para descubrir la cantidad de peluquerías que han aflorado en locales hasta hace unos pocos años ocupados por florecientes librerías, videoclubs, tiendas de música... Casi todos esos negocios diversos han ido desapareciendo. Ahora, la cultura ha sido sustituida por el culto... al cuero cabelludo, que parece lo mismo, pero no es igual.

¿Por qué usar la cabeza para pensar si puedes utilizarla para hacerte unas mechas, un corte de pelo a lo cherokee o algo más tradicional como un cardado? Quizá los perroflautas del 15-M puedan contestar a la pregunta, pero yo por el momento no tengo explicación. Solo miro a través de los cristales a esa gente desconectada a quien recortan los cabellos y dan gomina. Y mientras les contemplo me pregunto si algún día estallará la burbuja capilar y nos llevará a todos por delante como ha hecho la burbuja inmobiliaria. Quizá ese día nos demos cuenta de que nos han tomado el pelo, pero ya será tarde para pensar en algo mejor.

Josetxu Rodríguez