domingo, 25 de marzo de 2012

El whatsapp me mata


ME han dejado solo. Tumbado en la camilla escucho el pitido del electrocardiograma: piiiip..., piiiip..., piiiip... De pronto, de la máquina sale un sonido de alerta similar al de la sirena de un submarino termonuclear atacado con misiles. Mi corazón se para y, mientras me despido de la vida y de la misérrima pensión, veo correr a la enfermera. Llega jadeante y, en lugar de realizarme el boca a boca y unos cuantos ejercicios de reanimación cardiaca (qué menos para alguien que está abandonando este mundo), se lanza sobre el aparato y recoge su móvil olvidado. Lo mira y suelta una carcajada: su novio se ha hecho una foto del culo y se la ha enviado por el whatsapp, ese programa de mensajería instantánea gratuita que ha colonizado los teléfonos a mayor velocidad que la gripe A.
Hoy, el mundo es una sinfonía desacompasada de alarmas que anuncian la llegada de un mensaje multimedia de cualquier conocido o desconocido que lo desee. Ya ni los novios se meten mano bajo las acacias del parque. Practican el sexo digital con sus smartphones y se envían vídeos con besos.
Instalarlo es como adoptar una docena de niños hiperactivos y otra de poetas locos que exigen atención continua. Uno te dice: "Oye, mira qué nube". Otro: "Estoy contento". Aquel: "Llueve en Salamanca". Este: "Árbol de otoño, me estoy meando". Y así, sucesivamente. Todo el tiempo. Sin interrupción. Tiruliruliiii... tiruliruliiii... Disculpen, tengo un mensaje.

Josetxu Rodríguez

3 comentarios :

Gary Rivera dijo...

jajajaja Pues a mi el dichoso programita me ha aliviado la vida!!

jajaja

uxue dijo...

Muy bueno y muy real!!
Da gusto reirse a esta hora de la mañana.
Saludos

Miyita dijo...

ajajajajja muy bueno