martes, 3 de abril de 2012

Por qué hay que saber latín...


Extraído de "Historias de la historia"

Antes de dar la oportuna explicación os voy a contar una anécdota, que muchos ya conoceréis, sobre la importancia del latín. En cierta ocasión José Solís Ruiz, ministro de Trabajo durante el régimen franquista y natural de Cabra (Córdoba), le discutía al político y rector de la Universidad Complutense, profesor Muñoz Alonso, para qué servía el latín. El profesor le respondió:

Por de pronto, señor ministro, para que a Su Señoría, que ha nacido en Cabra, le llamen egabrense y no otra cosa.


Y volviendo al título de este post, vamos a servirnos de la etimología, y el latín, para explicar por qué cualquiera puede ser ministro pero no maestro.


El término maestro deriva de magister y este, a su vez, del adjetivo magis que significa más o más que. El magister lo podríamos definir como el que destaca o está por encima del resto por sus conocimientos y habilidades. Por ejemplo, Magister equitum (jefe de caballería en la Antigua Roma) o Magister militum (jefe militar).


El término ministro deriva de minister y este, a su vez, del adjetivo minus que significa menos o menos que. El minister era el sirviente o el subordinado que apenas tenía habilidades o conocimientos.

Por tanto, queda demostrado que para ser ministro no hace falta ser… nada.

1 comentario :

maeglin dijo...

Muy buena la entrada. Conocia la anecdota de Solis y el diputado de las Cortes Franquistas. Resulta que se presento un plan de estudio nuevo por los años 60 en el que se quería quitar horas lectivas al latín y eso genero uno de los poquísimos enfrentamientos dialécticos entre diputados y ministros durante la Dictadura. Lo de "magister" y "minister" es algo que le falto decir al diputado aquel cuyo nombre seria bueno rescatar del olvido.