lunes, 25 de junio de 2012

Alemanes: ¡¡¡envidiosos!!!


LA culpa de que Mariano Rajoy vista un chándal de mercadillo en la intimidad la tienen los turistas alemanes, esa banda de individuos despellejados que nos conocen mejor que el proctólogo de cabecera. Como les gusta lo bueno, llevan 40 años veraneando en España, tan querida por Dios que fue colocada en el centro del mundo, un lugar en donde no hace ni mucho frío ni mucho calor, con sol abundante para las buganvillas, cielo azul, mar celeste y cerveza fría manando por doquier a precios irrisorios.

Sin embargo, en los últimos años todo ha cambiado, y el camarero que les servía el menú tiene un chalé de 12 habitaciones con jacuzzi para el perro y un enano de terracota de 4 metros de alto en el jardín. También tiene un hermano concejal, pero eso no viene al caso. El albañil que les arregló el tejado de su bungaló adosado está retirado a los 36 años gracias a un ERE de una empresa aeroespacial; y el taxista, otro nuevo rico, vendió la huerta para hacer un aeropuerto al que le salen cebolletas por las grietas de la pista. Hace un mes aterrizó un jet privado en él. Era de la exconsejera de una caja a quien no le habían dejado facturar las sacas con su indemnización en un vuelo regular de Iberia.
Luego van en el AVE al chiringuito costero, ambos abarrotados de familias con niños, y les cobran 18 euros por un plato de plástico con paella. Cuando regresan a su tierra de penumbras les dicen en la tele que tienen que rescatarlos a todos y, claro, les sienta fatal. ¡Qué mala es la envidia!
Josetxu Rodríguez


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