viernes, 10 de agosto de 2012

¡Ahí va, la tartera!


AL final, han decidido que la criatura sea analfabeta batua. Ha sido duro, pero se han dado cuenta de que no tienen capacidad para elegir un colegio adecuado. Les pasó lo mismo con la compañía telefónica. Cuanta más información recibían, más complicado era saber qué servicios contrataban y cuánto iban a pagar por ellos. 
En el caso que nos ocupa, todo empezó por la tartera. El menú había subido a 5 euros por eso de la crisis y decidieron que la niña llevara la comida de casa. En el colegio les dijeron que eso suponía un desembolso de 3 euros por el almacenaje del recipiente en el frigorífico. "La luz ha subido mucho", les explicaron. "Y luego hay que limpiar el comedor y los platos. Qué les voy a contar. No obstante, si nos alquilan a nosotros la tartera, les facturaremos solo un 1,5 euros por mantenérselo frío". "¿Y cuánto cuesta el alquiler?", preguntaron ellos. "Pues, tres euros al día". 
No les gustó la idea y se dirigieron a un centro en el que no cobraban por ese servicio, pero a cambio de usar "el pupitre-litera de arriba". Habían duplicado los alumnos por clase instalando escritorios de dos alturas. Descartado. En el siguiente, los pupitres estaban adosados, pero era tan ultracatólico que hasta las clases de euskera las daban en latín y con el profesor dando la espalda a los alumnos. Por último, lo intentaron con uno que carecía de los inconvenientes descritos, pero era tan pijo que cada estudiante tenía que llevarse su propia canasta de baloncesto. Ya ven cómo está el patio.

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