miércoles, 4 de marzo de 2015

lunes, 2 de marzo de 2015

El orden, la virtud de los mediocres


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SUELEN decir que el orden es la virtud de los mediocres y, como cada año por estas fechas, me dispongo a ser lo más mediocre posible. Aunque no soy de los que colocan las verduras alfabéticamente en el frigorífico: acelgas, berenjenas, calabacines, champiñones, y así hasta las zanahorias, me gusta mantener organizado el caos que me circunda. 
Para este año he elaborado un detallado plan y me he puesto como meta tener la casa estructurada de tal forma que: A) Pueda encontrar un objeto grande en un intervalo no superior a los siete minutos: por ejemplo, una maleta, la aspiradora, la cama. B) Consiga localizar un objeto pequeño en no más de siete horas: el cepillo de dientes, una linterna, el sacacorchos. C) Descubra lo que necesito urgentemente como máximo en siete días: la pomada antiquemaduras, las tarjetas del banco, el papel higiénico. 
Para ello, he dividido la vivienda en diferentes áreas de actividad: zona de alimentación, de audiovisuales, de descanso, de intimidad, etc. El siguiente paso será evitar que los objetos propios de cada una de ellas invadan la colindante. Así, por más que los ajos necesiten un sitio oscuro y con poca humedad, y que el cajón de los calcetines reúna esas condiciones, no volveré a guardarlos juntos. 
Espero tener más suerte que el año pasado, cuando preparé un organigrama similar y lo perdí a los pocos minutos de haberlo terminado. Estaba en el retrete y todavía me pregunto qué coño hice con él.
Josetxu Rodríguez

domingo, 1 de marzo de 2015

Vuelven los gorrones


UN gorrón clásico era como un kamikaze: oteaba el horizonte y fijaba su objetivo con precisión de láser, hacía un par de vuelos rasantes para reconocer el terreno y, cuando detectaba tu flanco más sensible, se lanzaba en picado y te soplaba 40 euros con dios sabe qué cuento chino. Normalmente, no volvías a verle y perdías el dinero, aunque 40 euros es un precio razonable por quitarse a un pelmazo de encima. 
Con el tiempo, los gorrones han evolucionado y perfeccionado su estilo, sobre todo con las tarjetas y el dinero de plástico. Ahora es más difícil conseguir una cantidad razonable en billetes, por lo que se han especializado en otro tipo de sablazos: -"¿Te importa pagar la comida?". -"¿Qué pasa, no tienes tarjeta?". -"La tengo en el taller para que le cambien el aceite". Los gorrones tarjeteros, como podríamos denominarlos, no le hacen ascos a nada y se quedan impertérritos ante la canceladora del metro esperando a que pagues la ronda: -"¿Y tu billete?". -"Lo tengo en la cartera, pero por no sacarla...". 
Me referiré, por último, al gorrón fumador. Poblaban las anchas praderas de oficinas funcionariales, periódicos, despachos, bares y fábricas. Eran alegres y pizpiretos y te daban conversación mientas te saqueaban los cigarros. Algunos ofrecían pitillos a los presentes, por supuesto, de tu paquete. El precio del tabaco les ha puesto al borde de la extinción. Concretamente, el último que vi tenía mal color e intentaba pedir socorro mientras un fumador empedernido le apretaba el cuello con las dos manos.
Josetxu Rodríguez
@caducahoy

martes, 16 de diciembre de 2014

Ahora que vemos la luz al final de túnel, no vamos a poder pagarla

Las eléctrica celebrando que tienen al Gobierno cogido por los watios

SE veía venir. En este mundo de comida ultrarrápida, ordenadores hiperveloces y coitus interruptus, los embarazos de nueve meses no dejan de ser un residuo del pasado, un símbolo de la ineficiencia de años pretéritos en los que la humanidad tenía tiempo para todo. Incluso para pensar. Ahora, al que no se espabila le quitan la vez en la cola del paro y por eso los bebés se lanzan de cabeza a la vida, muchos de ellos sin red, sin pan y sin patera. 
Puede que a alguno le falte un hervor, pero eso no debe considerarse una carencia habida cuenta de lo lejos que han llegado los miembros de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales, que pronto serán creados in vitro para que sus madres no se cojan la baja por maternidad. 
En el hospital de Basurto, que de niños sabe un rato, se han preparado para recibir el chaparrón de prematuros que les cae encima, algunos tan repipis que nacen llorando en tres idiomas y con el EGA aprobado. Las instalaciones son muy modernas y eficientes y en cualquier esquina puede salir una enfermera preparando un biberón como si se tratara de la novia de Tom Cruise mezclando cócteles en la película Cocktail
Hay que optimizar todo y también los partos, que tras la subasta que se han montado las eléctricas dar a luz se ha puesto a un precio prohibitivo y hay que desconectar rápido las lámparas del quirófano. Qué desgracia. Ahora que veíamos la luz al final del túnel, no vamos a poder pagarla.
Josetxu Rodríguez 

www.elconfidencial.com

lunes, 8 de diciembre de 2014

Si vas a viajar a la luna, no comas alubias


No sé si son más letales los monstruos o una ventosidad dentro de un traje presurizado...

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jueves, 4 de diciembre de 2014

Calor barato para los más desfavorecidos. Una idea genial



Ocho velas, dos macetas, una bandeja y un mechero. O lo que es lo mismo, el material suficiente para olvidarse de pagar las terribles facturas de invierno después del tarifazo de las eléctricas. ¿Se puede calentar una habitación con tan poco?

Según el periodista inglés y marinero aficionado Dylan Winter, sí. Y parece que la idea está teniendo éxito, porque su vídeo de cómo hacerlo se ha convertido de la noche a la mañana en todo un fenómeno viral y ya acumula más de 3.700.000 visitas.

Teniendo en cuenta que las velas que utiliza son de Ikea y que el paquete de 100 unidades cuesta 3,79 euros y la unidad 0,04 euros, calentar una habitación con cuatro velas por la mañana y cuatro por la tarde (que es lo que recomienda en el vídeo), sale a 32 céntimos.

Como apuntamos, lo único que falta para completar la operación son dos macetas, un mechero y un recipiente que sirva de bandeja. 


Aquí tienes otro vídeo para espacios mayores

Dylan Winter, calor barato,estufa ecológica



viernes, 28 de noviembre de 2014

Dieguín, el teleoperador paciente




Dieguín es un teleoperador que nunca deja a un cliente tirado. Pida lo que pida. Un auténtico fenómeno. Audio no apto para espíritus puros o políticamente correctos. Hay que escucharlo. No podrás aguantar la risa.